martes, 19 de febrero de 2008

Kosovo, ¿un Estado falso?

La independencia de Kosovo es la consecuencia natural del proceso de realineamiento de las naciones de la antigua Federación de Yugoslavia. Una región que desde su nacimiento fue víctima de dos guerras mundiales, fue mártir de los proyectos expansionistas de la Unión Soviética, moradora de la unión comunista de Tito, y víctima de la más cruda aspiración de la Gran Serbia de Milosevic.

Desde la suspensión de su status de provincia autónoma (1990), Kosovo fue el estandarte de paz de la ONU con la Misión para la Administración Temporal de Kosovo. Recuérdese que en virtud de la famosa resolución 1244, este organismo pudo revitalizar funciones civiles administrativas, promover un autogobierno, facilitar un proceso político. Condujo a la creación de Departamentos Administrativos Provisionales, elecciones en 30 municipalidades, y la adopción del marco para su Constitución. Estas ayudas, junto con la presencia civil de la Unión Europea ayudaron a la consolidación de una independencia que se cocinaba en silencio.


Siendo una de las zonas más pobres de Europa, Kosovo alzó su mentón y gritó al mundo su independencia. Un grito que ya no daba espera, desde que lo juegos de la guerra fría y los proyectos de Milosevic la oprimían. El proceso de sucesión de Serbia ensordece a los sectores pro-rusos y conservadores, arguyendo que Kosovo les pertenece por ser la cuna de la nación. Serbia ya debe entender que si bien hasta la conquista Otomana en el siglo XIV Kosovo había sido predominantemente serbia, ya no lo es desde la década de los 70, cuando se inundó de albaneses.
Por su parte, Rusia objeta la independencia kosovar, sabiendo que ella sonsaca y aviva el reconocimiento autonómico de las regiones en Osetia del Sur y Abjazia en Georgia y el Transdniéster en Moldavia. España, por su parte, se alejó del consenso de reconocimiento de Kosovo en la Unión Europea porque lidia con sus propios grupos separatistas. Asimismo, la acompañan Rumania, Eslovaquia, Chipre y Grecia. Resuelta aceptación tienen los kosovo-albaneses con el reconocimiento (1) de Estados Unidos a su incipiente Estado. Quienes pudieron observar las manifestaciones de los ciudadanos en las calles, la bandera albanesa se ondeaba junto con la estadounidense. Es una señal de compatibilidad política, toda vez que el país del norte consideraba que si no había independencia, no habría progreso económico. Estados Unidos encontró en Kosovo, la oportunidad para equilibrar la región, cuya alianza con la región del Cáucaso desazona a Rusia.

De todos estos sucesos está bien recordar el mismo caso de Eslovenia y Croacia cuando se independizaron del poderío de Milosevic en su tiempo ¿Por qué no lo puede hacer ahora Kosovo? La geopolítica de la región ahora se reconfigura con un Kosovo pro occidental, con la puja política de una Serbia pro-rusa. No es más que la respuesta a la absurda composición fragmentaria de los territorios yugoslavos, y el enardecimiento étnico en busca de un Estado libre, autónomo y pluralista.
(1) Frente al reconocimiento de Estado, existen dos teorías o posiciones doctrinales: la teoría constitutiva, que sostiene que el reconocimiento es un requisito esencial para que el Estado pueda gozar plenamente de todos los atributos del Estado: y la teoría declarativa, que afirma que el reconocimiento es simplemente la comprobación de un hecho y que el Estado puede ejercer los derechos inherentes a sus propia existencia, sin necesidad de que medie el reconocimiento. Tal es la posición adoptada tanto en la convención sobre derechos y deberes de los Estados, como en la Carta de la OEA. De acuerdo con ellas, la existencia política del Estado es independiente de su reconocimiento por los demás.

lunes, 14 de enero de 2008

El ciclo de la vida jurígena

En la escala evolutiva jurídica, el DI se ubica en el grado más avanzado de proyecto de ordenamiento normativo; contradictoriamente, su carácter primitivo en comparación al Derecho Interno de los Estados, es una de sus más rasgadas características. Esto demuestra nivel de desarrollo disímil que ambos presentan.

El Derecho Internacional Público resulta ser el alfa y el omega del orden jurídico universal. De él derivan y en él se depositan, dentro de su respectivo ámbito de competencia material, las más avanzadas normas de convivencia en términos de evolución ético-socio-cultural de la juridicidad; en él comienza y en él termina el ciclo de toda vida jurígena.

Verifica lo dicho, el hecho de que si bien la norma hipotética fundamental la encontramos ubicada en el DI, más precisamente en el uso establecido de los Estados, no podemos desconocer que el mismo necesariamente presupone, a su vez, una instancia u orden jurídico anterior. El Estado.

En el principio, y desde la cima de la pirámide jurídica, se encuentra la norma hipotética fundamental de Derecho Internacional, y es en ese sentido que constituirá un manantial de juridicidad, y a su vez, un factor de legitimación de las demás normas que le sigan en jerarquía normativa dentro del sistema jurídico universal. Así, ante un conflicto normativo, se le debe asignar primacía al derecho internacional conforme lo prescribe la Convención de Viena de 1969 sobre Derecho de los Tratados.

Pero el uso establecido del Derecho Internacional Público y su consecuencia positiva, las normas jurídicas del DI, se han ido constituyendo sobre la base de la conciencia jurídica común de los pueblos, conciencia que se ha elevado por sobre los principios de derecho positivo interno de los Estados luego de que estos se sedimentaron en el inconsciente de la humanidad.. El final. En síntesis, dichas normas, presuponen aquellos principios jurídicos coincidentes en los que se asientan los ordenamientos positivos de los pueblos civilizados.

Estos principios jurídicos fundamentales son los que constituyen la base del DI, solución positivizada, a su vez, por el artículo 38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia.

De todas maneras, si bien el DI se encuentra en la cúspide del sistema jurídico, no existe entre el DI y el Derecho interno de los Estados la misma relación temporal que se da dentro del Estado entre las normas dictadas en consecuencia de su propia norma fundamental. No se dio entre derecho interno y el derecho internacional, una necesaria relación que se haya desarrollado al amparo de un orden secuencio-temporal. Por lo tanto, no es interrogante que debamos responder ¿cuál fue primero?. Desde esta perspectiva es irrelevante.

Por el contrario, esta vinculación se ha caracterizado por ser de naturaleza atemporal, retroalimentativa y bidireccionalmente dinámica. En este sentido, el DI es fuente receptora y creadora de normas jurídicas de aplicación en el ámbito interno de los Estados.

Así se completa el cuadro evolutivo del ordenamiento jurídico, pues el sistema universal no es hermético ni estático. Este es un mero acercamiento al ciclo en el cual se constituye el principio y fin de la dialéctica positivista.

lunes, 7 de enero de 2008

Hannah Arendt ¿QUÉ ES LA POLÍTICA? (Was ist Politik? Publicado en 1993)


Hannah Arendt (Linden, Hanover, Alemania, 14 de octubre de 1906 – Nueva York, Estados Unidos, 4 de diciembre de 1975), es considerada teórica política de nuestra contemporaneidad. Es sus trabajos, Arendt trata sobre la naturaleza del poder, y temas como la política, la autoridad y el totalitarismo en general y sobre la Shoah. Sus finos análisis sobre la sociedad que la rodeaba la encumbran como una de las más grandes pensadores de todos los tiempos.

Un reseña de su obra: ¿Qué es la política?

Ocurre algo especial con el libro ¿Qué es la política? de Hannah Arendt: es fragmentado. Si bien todo libro se divide en capítulos o algunos empiezan y terminan de un solo trancazo, la peculiaridad de este libro estriba en sus ideas puras. Razón de esto fue la imposibilidad de la autora de publicarlo compatible a su proyecto Introducción a la Política. El atraso, sus compromisos con organizaciones, los continuos discursos y homenajes dejaron el proyecto en una fase casi terminada.
No está incompleto, da miedo mejor, que sus ideas y hasta sus correcciones estén referenciadas en sus notas de pie de página.

Igual el libro está separado con varios títulos que otorgan una explicación ejemplar de la política: ¿Qué es la política?, ¿tiene la política algún sentido? y asuntos sobre la guerra, la aniquilación y un abordaje magistral de la historia griega y romana. Estos temas son manejados grosso modo en esta compilación de manuscritos.

Arendt dice que la pluralidad es la condición para que los hombres vivan la política. Precisamente es la pluralidad la que conduce a los hombres a estar juntos, la política trata los cuerpos políticos, siendo ellos finalmente los que conducen a la organización. El hombre comienza a ser político, dice, cuando está entre hombres, cuando se establece como relación. Esta condición de ubicarse ‘entre’ conduce a la acción.

El ejercicio sobre la definición y el sentido de la política se enfrenta a los prejuicios. Los prejuicios contra la política es una mancha que condiciona el conocimiento y comprensión de la política. El prejuicio, dice, “es producto de ‘un decir’, de ‘un se opina’, de una experiencia generalizada. Ocultan un pedazo del pasado”. Una interpretación sobre ese ocultamiento de las reminiscencias históricas, sustenta de algún modo el ensañamiento de Arendt con la polis de Grecia. En la polis, relata, la política buscaba la libertad. La explicación arendtiana en la polis como muralla donde hombres participaban asiduamente en las deliberaciones públicas, es la muestra de la vida política libertaria.


La inspiración de los desarrollos de la política griega nos lleva a la parte más interesante de esta obra, si se quiere. Me refiero al objetivo de responder a la pregunta de que si la política tiene aún algún sentido. Subrayo el adverbio de tiempo ‘aún’, pues la respuesta se fundamenta en el Mundo Moderno[1]. Antes de referirse a esa pregunta, ella destaca el objetivo principal de la política: la subsistencia de la vida, de la humanidad. No obstante, dando vuelta a la realidad examina el prejuicio de la política referido a la violencia y la era nuclear. Dicho en otras palabras, de qué sirve pensar que el sentido de la política es la libertad y la conservación de la vida, si el mundo entero se arma y vive en permanente caos. Sobre el particular Arendt sostiene que “si es verdad que la política es algo necesario para la subsistencia de la humanidad, entonces ha empezado de hecho a auto-liquidarse, ya que su sentido se ha vuelto bruscamente falta de sentido”. Esta pregunta es el fundamento para empezar a reflexionar sobre la política.

El segundo núcleo temático de Arendt, se refiere a la guerra. Atiende a las definiciones de Clausewitz sobre la guerra: “es una continuación de la política con otros medios”. Aquí, el tono es parecido a la profesora de ciencias políticas, estableciendo con exactitud y con otra visión las definiciones de guerra, violencia, en el marco de los parámetros políticos maquiavélicos de medios-fines.
Arendt aclara que si bien la guerra es la extensión de la política con otros medios, éstos medios no son políticos per se. La guerra utiliza la violencia como instrumento. Recuerda que “una de las características principales de la acción violenta es que necesita de medios materiales e incorpora al contacto entre los hombres instrumentos que sirven para coaccionar o matar”. Insisto que estas definiciones están relacionadas con los reductos académicos de su ensayo Sobre la Violencia incluido en su libro La crisis de la república.


Todos estos elementos que se suscitan en el ejercicio de la política y su marco de medio y fines lleva a Arendt a distinguir entre lo que significa fin, meta y sentido. Escuchemos a Arendt: “El sentido de una cosa, a diferencia del fin, está siempre encerrado en ella misma y el sentido de una actividad sólo puede mantenerse mientras dure esa actividad. […] Con el fin de algo ocurre precisamente lo contrario; sólo hace su aparición en la realidad cuando la actividad que la creó ha llegado a su término […] Finalmente, las metas a que nos orientamos, establecen los criterio a los que debe juzgarse todo lo que se hace; sobrepasan o trascienden el acto en el mismo sentido en que toda medida trasciende aquello que tiene que medir”.
Haciendo conclusiones, esta premisa quedaría:

Metas: líneas de orientación, directrices.

Medios: violencia: guerra, revoluciones.

Sentido: libertad.

Fines: defensa o dominio.

Finalmente, explicados estos conceptos en el entendido de que sean compatibles con la real intención de su autora, hay que cerrar con los motivos por los cuales la política es prejuiciosa: “Puesto que nuestras experiencias con la política se han dado sobre todo en el campo de la violencia, nos parece natural entender la acción política según las categorías del coaccionar y ser coaccionado, del dominar y ser dominado, pues ellas se hace patente el auténtico sentido de todo acto violento”.

El carácter fragmentario de ¿Qué es la política? no me permite establecer una conclusión a todas luces. Esto no nos exime ni excusa para indicar que en esta obra de Arendt prima la historia griega como apología par excellence de la política, sus valores y los medios y fines que implica. Pero en la Antigüedad esto era diferente. Las concepciones de guerra, de política interior y exterior fueron interpretadas en Grecia, por lo menos en otro sentido, pero este no es el momento para explicarlo. Sólo deseamos destacar la idea política griega y su influencia en el pensamiento occidental.
La guerra, las revoluciones y las inminentes guerras atómicas y la violencia en general le restan sentido a la política. La beligerancia y la pugna, naturales de las relaciones, sean humanas o interestatales, convierten a la política en un prejuicio.


[1] ‹‹La Edad Moderna no es lo mismo que el Mundo Moderno. Científicamente la Edad Moderna, que comenzó en el siglo XVIII, terminó al comienzo del XX; políticamente el Mundo Moderno en el que hoy día vivimos nació con las primeras explosiones atómicas››. Arendt establece esta distinción en el prólogo a La Condición Humana.








viernes, 28 de diciembre de 2007

Acuerdo Humanitario en Colombia. "Aquí vivimos muertos". Ingrid Betancourt

Después de escuchar las palabras de la recién posesionada presidente de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, el tema del acuerdo humanitario – que pretende establecer una zona de encuentro para liberar a los secuestrados en poder de la guerrilla colombiana FARC –, se convirtió en el remate de punta de lanza como asunto imperioso de los latinoamericanos y del mundo entero.

Luego de la intervención de Venezuela, y los países amigos (Francia, España y Suiza), el presidente de Colombia ha tenido que sortear la presión de la comunidad internacional, con el fin de establecer una zona de encuentro. Este corredor humanitario servirá para que los rehenes una vez por todas puedan encontrarse con sus familias, y repudien asimismo los actos de los determinadores del secuestro en Colombia.

Se está a la espera de una liberación de tres secuestrados. Clara Rojas (jefe de campaña de Ingrid Betancourt), su hijo Emmanuel, y la ex congresista colombiana Consuelo González.

Reseñamos a su paso, algunos apartes de la carta de supervivencia enviada por Ingrid a su madre:
[…]

"Como te decía, la vida aquí no es vida, es un desperdicio lúgubre de tiempo.
Vivo o sobrevivo en una hamaca tendida entre dos palos, cubierta con un mosquitero y con una carpa encima, que oficia de techo, con lo cual puedo pensar que tengo una casa".


En Colombia todavía tenemos que pensar de dónde
venimos, quiénes somos y a dónde queremos ir. Yo aspiro a que algún día tengamos
esa sed de grandeza que hace surgir a los pueblos de la nada hacia el sol.
Cuando seamos incondicionales ante la defensa de la vida y de la libertad de los
nuestros, es decir, cuando seamos menos individualistas y más solidarios, menos
indiferentes y más comprometidos, menos intolerantes y más compasivos. Entonces
ese día seremos la nación grande que todos quisiéramos que fuéramos. Esa
grandeza está ahí dormidita en los corazones. Pero los corazones se han
endurecido y pesan tanto que no permiten sentimientos elevados. Pero hay mucha
gente que yo quisiera agradecer porque están contribuyendo a despertar los
espíritus y a engrandecer a Colombia".


El tema del rescate genera sin duda opinión masiva en todo el mundo. Lo que resulta más abominable es la nulidad contestataria de los ciudadanos colombianos frente a los temas de la vida nacional, y los asuntos humanitarios del conflicto armando interno. Como lo dice Ingrid Betancourt en su carta, esperemos que el anquilosamiento no termine en una indiferencia colectiva. La noticia positiva es ver la cooperación y asistencia de otros actores como mediadores del acuerdo humanitario.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Derecho internacional: ¿mito o realidad?




El derecho internacional no es un mito, es una realidad. Su nacimiento viene precedido por una serie de iniciativas jurídicas internacionales. Incluso, la historia da fe de las relaciones entre pueblos incipientes con tratados bastante explícitos. El derecho internacional es una rama del derecho que estudia o se preocupa por la conducción de las conductas de los Estados, y actores no estatales que se desenvuelven en el sistema internacional. Utiliza la costumbre, las convenciones o tratados, la jurisprudencia, la doctrina, como fuentes para su creación y operación.

Se parte de la idea de que el derecho internacional es producto de la política internacional. Si se analiza el sistema y la política internacional encontraremos características bastantes dicientes: anarquía, relaciones de poder, defensa de los intereses nacionales, y formaciones de espacios de cooperación política internacional[1]. El derecho internacional si bien desea imponer orden, no podría ir en contra de estas fuerzas deterministas de la estructura internacional. Entonces, el derecho internacional encauza los comportamientos de sus actores y sin duda es imperfecto.

Dicho esto, los mecanismos, instrumentos e instituciones del derecho internacional permiten crear una idea constitutiva formal del mismo. Nos referimos a las convenciones, tratados y al derecho consuetudinario. Por otra parte, consta de órganos jurisdiccionales como la Corte Internacional de Justicia cuya función es entenderse sobre temas de diferendos y procesos consultivos que se puedan suscitar entre los Estados.


Las críticas sobre las falencias o vacíos del derecho internacional, se sitúan en la falta de una ‘policía internacional’ que aplique acciones coercitivas para conducir a todos los actores a la jurisdicción internacional. Si bien no es posible que exista una policía mundial, el carácter coercitivo interpelado por las instituciones está garantizado por los tratados que tienen efecto obligatorio entre los estados que lo suscriban. Además la costumbre como objeto del derecho no legislado, establece unas prácticas universales y objetivas que se cumplen con regularidad[2].

Otra crítica es la eficiencia de la Corte Internacional de Justicia. La eficiencia de una Corte de carácter internacional no puede ser condicionada por el número de fallos ejecutoriados ni por la cantidad de procesos contenciosos fallados. La Corte, ajustada a los principios rectores del derecho internacional, es muy cuidadosa sobre los temas que conciernen a su competencia jurisdiccional. Además casos como Ruanda, Yugoslavia, etc. ya son objeto de procesos a través de Cortes ad hoc. De todas formas la eficiencia de la Corte y su jurisdicción coactiva, depende en su totalidad de la aceptación y ratificación de los Estados. Es decir, es una aplicación constructivista.



El tema de la política internacional sobre los asuntos hemisféricos, debe ser atendido por el derecho internacional a través de los mecanismos de cooperación, y espacios de concertación. No obstante, la existencia del derecho internacional aplicado a los temas de nuestra agenda interamericana no es metajurídica, sino que obedece a la voluntad de los miembros y actores que componen su formulación.

De esta manera, el desarrollo del derecho internacional, como un sistema positivizado enfrentará no sólo los desafíos de su codificación, sino su consolidación como instrumento eficaz para encarar las realidades propias que acucian la agenda regional y global.
[1] Waltz, Kenneth. Theory of international politics. Boston, Mass.: McGraw-Hill, c1979.
[2] Sustento de esta disyuntiva la aborda Hans Kelsen, y clásicos teóricos en las llamadas teorías monista y dualista del derecho internacional.